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jueves, marzo 24, 2011

Corrupción.

Interesante anotación sobre los efectos más profundos que la corrupción ejerce sobre un país encontrado en el intersante libro El caos del Cáucaso de la periodista y escritora rusa Iulia Latínina.
El contexto es el diálogo entre un funcionario ruso y un líder rebelde de una imaginaria república caucásica:

- Nunca podré comprender cómo es que en otros países la gente se gana bien la vida. ¿Por qué nosostros somos incapaces de hacerlo?
- ¿Sabes cuántos habitantes tiene ahora mismo esta República?
- Dos millones y medio.
- ¿Y sabes cuántos se han marchado de aquí?
- Eso no lo sé.
- Medio millón de personas. Medio millón en quince años (...) Te lo explicaré. Ese medio millón de personas eran quienes querían trabajar en lugar de dedicarse al pillaje y a los asesinatos (...) Supongamos que de ese millón de personas hay cien mil que ganan dos mil dólares al mes.  (...) Dos mil dólares al mes son venticuatro mil dólares al año. Hay un criterio universal que dice que los empleados cobran alrededor de una quinta parte de las ganancias que consiguen para la empresa en la que trabajan. Supongamos incluso que no sea una quinta parte y calculemos que es la cuarta parte. Ello significa que una persona que gana dos mil dólares al mes genera al menos cien mil dólares de ganancias cada año. Multiplica cien mil dólares por cien mil personas y obtendrás un resultado muy interesante. A saber, que las personas que huyeron de la República generan un rédito de diez mil millones de dólares. En cambio, la República apenas recibe de Rusia dos mil millones cada año. (...)
Ahora te ruego que e respondas a una pregunta. ¿Cómo se explica que Aslánov [el presidente de la República] y sus hijos prefieran los dos mil millones de las asignaciones presupuestarias que reciben de Moscú en lugar de los, como mínimo, diez mil millones que podrían recibir si no hubieran obligado a toda esa gente a marcharse de aquí? (...)
Yo te lo diré: esos dos mil millones van a parar directamente a las manos de Aslánov (...) En cambio, los diez mil millones no podría repartirlos entre los suyos para granjearse adhesiones y afectos. Porque ese dinero la gente lo ganaría por sí sola. Por tanto, el presidente prefiere disponer de dos mil millones y repartirlos personalmente antes que gobernar un país con diez mil millones de dólares dando vueltas por ahí, sin que él pueda mandar sobre ellos.
                                                                                                  (página 403 y siguientes. Libro editado por Los libros del lince)

jueves, mayo 07, 2009

La singularidad de un cerdo.


Cuando se habla de globalización, aldea global y papel de los media a la hora de articular todo el lenguaje resultante de esa mezcolanza absoluta, con frecuencia olvidamos que el abecedario de dicho lenguaje se compone de imágenes, y que esas imágenes tienen la cualidad de erigirse en símbolos y hasta de convetirse en síntesis tanto por lo que muestran como por lo que esconden.
Con toda esta introducción (orientada a captar la atención de Daniel) no pretendo más que dejar constancia de mi asombro por la noticia-imagen de estos días de expansión de una de esas plagas bíblicas que cada dos o tres años se instalan en nuestras pantallas para atemorizarnos: el cerdo de Kabul.
Tiene todo lo preciso para hacer correr ríos de tinta, analógica o digital, empezando por su carácter de único artiodáctilo (Sus scrofa domestica, concretamente) en Afganistán. El bicho permanece en cuarentena en el zoo de la capital por si acaso y así lo que nos queda en la retina de uno de los puntos más conflictivos del planeta, con sus matanzas obra de talibanes, caciques locales o bombardeos estadounidense es este simpático animal vagando por un rincón de un zoo desolado como un alma en pena, como el propio país.
En fin, desde aquí emplazo a Daniel a que, cuando el año esté llegando a su fin y comiencen a bombardearnos las televisiones con los mejores momentos, haga algo un poco distinto y, con el corel draw y paciencia, elabore un mapamundi en el que la superficie de los países esté ocupada por la imagen que legó al año saliente. En Afganistán no habría duda, muertos los hay a patadas en cualquier parte, pero ese cerdo solitario y singular...
(Reconozco, Daniel, que es una idea bastante similar a la Entropa de Cerny en Bruselas, pero ya sabes que en el zoco todo es de segunda mano).

martes, junio 24, 2008

Horario de trabajo.

Ahora que la jornada laboral tiende por obra y gracia de la UE al infinito, es momento de recordar una de las películas más interesantes tomada al azar en un videoclub que resiste heroicamente los embates de las descargas de Internet.
Los edukadores (espantoso título en castellano sobre un original alemán más adecuado: Los años de abundancia han pasado) reflexiona sobre el mundo que estamos edificando y sobre la manera en que construimos verjas, muros y alambradas bajo la apariencia de lo cotidiano: casas, coches y planes de jubilación.
Refrescante y distinta, vale la pena. Dejemos un fragmento en esta noche de San Juan para ahuyentar las brujas, que jamás han sido tan amenazadoras como en estos días de flexibilización laboral. (Y nos solidarizamos con el cabreo del amigo Plutón).

martes, junio 03, 2008

El día que Albert Einstein compró mil ejemplares de la misma revista.

Quizá a nuestros vecinos de porsilasmoscas les suene el nombre de John Hersey, pero por aquí lo conocimos gracias a la lluvia del fin de semana sumadas a las horas muertas de biblioteca.
En el año 1946 publicó un reportaje en la revista New Yorker sobre los supervivientes de Hiroshima con sus testimonios. En ese momento, a muchos estadounidenses se les desprendió un velo de la mirada y pudieron comprobar los sobrecogedores efectos del primer bombardeo nuclear.
Durante la inmediata posguerra la línea oficial promovida y supervisada por Washington y avalada por científicos y periodistas se basaba en dos puntos:
1.- El bombardeo era la única solución para derrotar a Japón (falso, se trataba de enseñarle un poco los dientes a Stalin antes de repartirse el mundo).
2.- La bomba de Hiroshima no había causado radiación alguna (sin comentarios).
Tal línea oficial había conseguido que muchos ciudadanos considerasen (y consideren) el tristemente célebre hongo atómico como una nueva estatua de la libertad, y lo que escribió Hersey removió las conciencias demostrando el valor neto del periodismo: la información como fuente de conocimiento para una sociedad, aunque sea a costa de una enorme vergüenza de sí misma. Algo irrenunciable para una democracia.
Se dice que Albert Einstein compró mil ejemplares de esa revista. ¿Qué habrá sido de ellos?

Más información y mejor, en el libro Historia de los bombardeos de Sven Lindqvist. Apto para días de lluvia.

domingo, abril 20, 2008

Dubravka Ugresic.

Tomé el libro de Dubravka Ugresic de un estante remoto de la biblioteca, debido a que la clasificación se hace en función del apellido de los autores. El museo de la Rendición Incondicional debería ser estudiado en los institutos, unkiversidades y hasta en los Parlamentos como un manual del exilio.
La autora novela su propio exilio de una Yugoslavia agonizante y de una Croacia poco hospitalaria hasta un Berlín que se convierte en un espejo de los últimos cincuenta años de la historia de un siglo XX europeo especialmente problemático y febril, que diría el tango.
El lenguaje está lleno de magia, y la grandeza de su prosa es que esa magia no hace palidecer ni un ápice lo terrible y cruel de la situación de quien pierde no sólo su casa y su entorno, sino también su pasado y su futuro.
Necesaria novela en estos tiempos turbulentos. Para entender lo sucedido y para comprender lo que jamás sucedió (decía Sabina que no hay nostalgia peor que ésta, añorar lo que nunca jamás sucedió).
Para terminar, dejamos constancia de un consejo de viejo, dicho a Pérez Reverte por su abuelo:
Arturito, aprende francés, que en esta vida los españoles siempre tendremos que exiliarnos en alguna ocasión.

martes, mayo 15, 2007

Besos.


Uno nunca sabe a dónde irán los besos. No aquellos "que guardamos, que no damos" de Victor Manuel, sino incluso los que pensamos que habíamos depositado en un lugar seguro.

Cuentan que el presidente iraní Ahmadineyad, nada sospechoso de aperturista en el régimen de los ayatolás, se encontró envuelto recientemente en una polémica por haber dado un beso en la mano a su maestra.

Sucedió un dos de mayo, en el día del maestro en Irán, la maestra estaba cubierta con un pañuelo como mandan los cánones de la república islámica, y su mano estaba enfundada en un guante, pero el beso de Ahmadineyad despertó las iras de los sectores más inmovilsitas, que lo tacharon de indecente.

Sería un lapsus del bueno de Ahmadineyad, que recordó como todos cuando vemos a nuestra primera maestra, aquellos tiempos en los que era niño y aprendía a pintar casas de colores con humo verde o amarillo, aquellos tiempos en los que dejaba volar la imaginación mientras aquella mujer le leía alguna historia, aquellos tiempos en los que lo verdaderamente indecente sería no haber besado la mano que le comenzó a mostrar el mundo.

Cómo pasa el tiempo, señor Ahmadineyad. Menos mal que quedan pequeños actos inconscientes y espontáneos que nos devuelven al paraíso perdido de la infancia, antes de que nos empeñásemos en teñir la vida de gris.

Me gustaría poder darle un beso en la mano a mi primera maestra para decirle sin palabras "gracias, Mati."

¿Será también indecente en Irán dar las gracias?