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viernes, julio 07, 2017

Cantar

De la obra El suelo bajo sus pies, de Salman Rushdie:

¿Por qué nos importan los cantantes? ¿En dónde radica la fuerza de sus canciones? Quizá deriva de la pura extrañeza de estar cantando en el mundo La nota, la escala, el acorde; melodías, armonías, arreglos, sinfonías. Ópera china, jazz, blues: que esas cosas existan, que hayamos descubierto los intervalos y distancias mágicos que producen el pobre racimo de notas, todo al alcance de la mano humana, a partir del cual podemos construir nuestras catedrales de sonido, es un misterio tan alquimista como el de las matemáticas, o el vino, o el amor. Tal vez los pájaros nos han enseñado. Tal vez no. Tal vez seamos sólo criaturas en busca de una exaltación. No tenemos muchas. Nuestras vidas no son lo que se merecen; son, convengámoslo, deficientes en muchos sentidos penosos. Las canciones las convierten en algo distinto. La canción nos muestra un mundo digno de nuestros anhelos, nos muestra a nosotros mismos como podríamos ser si fuéramos dignos de esa palabra.
Cinco misterios guardan las llaves de lo oculto: el acto del amor, y el nacimiento de un niño, y la contemplación del gran arte, y estar en presencia de la muerte o el desastre, y escuchar la voz humana elevándose en una canción. Esas son las ocasiones en que se abren de golpe los pernos del universo y se nos ofrece un vislumbre de lo que está escondido; un "ef" de lo inefable. En esos momentos la gloria estalla sobre nosotros: la oscura gloria de los terremotos, la resbaladiza maravilla de la vida nueva, el resplandor del canto de Vina Apsara

miércoles, mayo 13, 2009

El zaguán de Salman (X)

No es desde luego su mejor novela... Pero es tan agradable saber que Salman Rushdie sigue escribiendo.

Imaginad unos labios de mujer, fruncidos y prestos a dar un beso. Así es la ciudad de Florencia, estrecha en los bordes, hinchada en el centro, atravesada por las aguas del Arno, que separa los dos labios, el superior y el inferior. La ciudad es una hechicera. Cuando os besa estáis perdido, seáis plebeyo o rey.

La encantadora de Florencia.

lunes, julio 07, 2008

El zaguán de Salman (IX).

Éramos por naturaleza urracas del lenguaje y robábamos todo lo que sonaba brillante o resplandeciente.
(El suelo bajo sus pies).

miércoles, mayo 14, 2008

Terremoto.


Devastador seísmo en China. Salman Rushdie escribió una vez:

La ciudad parecía una postal rota por un niño furioso y reconstruida minuciosamente por su madre. Había adquirido la calidad de lo fracturado, se había convertido en miembro de la gran familia de lo roto: platos rotos, muñecas rotas, promesas rotas, corazones rotos. (El suelo bajo sus pies)

(Foto: AP)

viernes, febrero 22, 2008

El zaguán de Salman (VIII)

Hace siglos la India concertó una cita con el destino, separándose del poderoso protocontinente meridional de Gondwanalandia y uniendo su suerte a la masa septentrional de Laurasia. Los montes Himalaya son la prueba de esa unión; el beso que nos unió a nuestra suerte. ¿Fue un beso que fracasó? ¿Preludian esos nuevos movimientos de la Tierraun divorcio titánico? ¿Comenzarán los Himalayas a encogerse muy lentamente?
(El suelo bajo sus pies).

domingo, enero 06, 2008

El zaguán de Salman (VII)

La felicidad es humana, no divina, y la persecución de la felicidad es lo que podríamos llamar amor. Ese amor, amor terrenal, es una tregua entre metamorfosis, un acuerdo transitorio de no cambiar de forma mientras nos besamos o nos cogemos de las manos. El amor es una toalla de playa extendida sobre arenas movedizas. El amor es una democracia íntima, un pacto que insiste en ser renovado, y puedes perder la votación de la noche a la mañana, por grande que sea tu mayoría. Es frágil, precario, y todo lo que podemos conseguir sin vender el alma a una parte o la otra. Es lo que podemos tener sin dejar de ser libres. A eso es a lo que se refería Vina Apsara cuando hablaba de un amor sin confianza. Todos los tratados pueden romperse, todas las promesas terminan siendo mentiras. No firméis nada, no hagáis promesas. Haced una reconciliación provisional, una paz frágil. Si tenéis suerte durará cinco días; o cincuenta años.
(Salman Rushdie: El suelo bajo sus pies)

martes, septiembre 18, 2007

El zaguán de Salman (VI).

Los derechos nunca son concedidos por quienes los tienen, se toman por quienes los necesitan.
(Furia)

martes, julio 10, 2007

El zaguán de Salman (V)

Cuando se trata de amor, no es posible decir de qué cosas puede convencerse la gente. A pesar de todas las pruebas de que la vida es discontinua, un valle de fisuras, y de que la casualidad desempeña un importante papel en nuestros destinos, seguimos creyendo en la continuidad de las cosas, en la causalidad y el sentido. Sin embargo, vivimos sobre un espejo roto, y todos los días aparecen en su superficie grietas nuevas. Las personas pueden deslizarse por esas grietas y perderse. O, como mis padres, verse lanzadas por la suerte una en brazos de otra, y enamorarse.
(El suelo bajo sus pies).

jueves, junio 21, 2007

El zaguán de Salman (IV)

Ahora que la barbarie vuelve a ser noticia, nada mejor que apartar el velo silencio de la voz de Salman (además de Caballero del Imperio Británico, premio Nobel YA!)

Eso fue lo que trajimos en nuestro viaje a través del océano, cruzando fronteras, por la vida: nuestro pequeño almacén de anécdotas y de lo que ocurrió después, nuestro érase una vez privado. Éramos nuestras historias y, cuando moríamos, si teníamos suerte, nuestra inmortalidad estaría en algunos de esos relatos.
(Salman Rushdie, Furia).

domingo, mayo 20, 2007

El zaguán de Salman (III)

Cuando lo imposible se convierte en necesario, puede conseguirse a veces
(Salman Rushdie, El suelo bajo sus pies)

sábado, mayo 05, 2007

El zaguán de Salman (II)

Todo el mundo era ahora americano, o al menos estaba americanizado: indios, iraníes, uzbekos, japoneses, liliputienses, todos. América era el terreno de juego del mundo, su reglamento, árbitro y balón. Hasta el antiamericanismo era un americanismo disfrazado, al admitir, como admitía, que América era el único juego de la ciudad y la cuestión americana el único negocio al alcance; y por ello, como todo el mundo, Malik Solanka recorría ahora sus altos pasillos con la gorra en la mano, como un suplicante en aquella fiesta, pero eso no quería decir que no pudiera mirar a la cara. Arturo había caído, Excalibur se había perdido y el siniestro Mordred era rey.
(Salman Rushdie, Furia).

viernes, abril 27, 2007

El zaguán de Salman (I).

Debido a su reiterada e imprescindible presencia por las estrechas y sinuosas calles que componen el zoco, Salman Rushdie tendrá un rincón, una estancia para quedarse el tiempo que quiera y poder así ensanchar los paisajes que divisamos si miramos lejos o si miramos cerca:

La pérdida del sueño de un hombre, del hogar de una familia, de los derechos de un pueblo, de la vida de una mujer (...) es la pérdida de nuestras libertades: de todas las vidas, todas los hogares, todas las esperanzas. Cada tragedia se pertenece a sí misma y al mismo tiempo a todos los demás. Lo que disminuye a alguno nos disminuye a todos.
(Salman Rushdie Shalimar el payaso).